Liderar sin agotarse: el costo oculto del alto desempeño
Cada vez es más frecuente ver a ejecutivos enfrentando cargas de trabajo excesivas, atrapados en ciclos de agotamiento con consecuencias reales para su salud física, emocional y relacional. Y lo más complejo no es solo el ritmo… es la falta de conciencia personal (self-awareness) para reconocerlo.
En sesiones de coaching, muchos líderes traen este tema con honestidad, pero también con una larga lista de justificaciones:
“Me apasiona la excelencia.”
“Siento energía cuando logro resultados.”
“Estoy en un muy buen momento, no quiero soltar nada.”
Sin embargo, en paralelo, aparecen señales preocupantes:
Amenazas a la salud.
Deterioro de relaciones significativas.
Años sin descanso real o vacaciones genuinas.
Y, lo más desconcertante: no saben cómo parar.
El costo está documentado.
Los datos lo confirman:
Según Deloitte (2022), 70% de los ejecutivos afirman que están considerando seriamente dejar sus trabajos por el nivel de agotamiento.
El informe de McKinsey Health (2023) señala que más del 60% de líderes reportan niveles de desgaste emocional elevados, y un tercio considera que su bienestar está en riesgo.
Un estudio publicado en Harvard Business Review evidenció que los ejecutivos con alta exposición a estrés sin descanso tienen un 48% más de riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
Dopamina: el combustible invisible del sobreesfuerzo.
Este patrón de “trabajo sin freno” no solo tiene causas externas. También hay una dimensión neuroquímica y adictiva.
Cada vez que obtenemos un logro, tachamos una tarea o somos reconocidos por un resultado, se libera dopamina, el neurotransmisor del placer anticipado. Y aunque esto es natural y necesario, también puede volverse una trampa:
La dopamina nos empuja a repetir comportamientos de recompensa rápida, incluso si son insostenibles.
La búsqueda constante de logro puede generar una adicción silenciosa al rendimiento.
A largo plazo, el cerebro se vuelve menos sensible a recompensas normales, generando la necesidad de hacer más para sentir lo mismo.
Esto explica por qué muchos líderes, aun sintiendo señales de agotamiento, siguen adelante como si nada, convencidos de que “pueden con todo”.
Cambiar de trabajo… ¿o cambiar el patrón?
Cuando se exploran alternativas, muchos consideran buscar un nuevo rol: algo más estratégico, menos operativo, más “disfrutable”. Pero en muchos casos, el problema no está en el trabajo en sí, ni siquiera en la cultura organizacional, sino en cómo se responde a esos entornos.
Algunas preguntas clave
¿Tu empresa promueve, explícita o implícitamente, una cultura de esfuerzo sin descanso?
¿Eres consciente del desgaste que pueden generar tus decisiones como líder en tus equipos?
¿Pones límites a la demanda constante de estar disponible y decidir en todo?
¿Qué estás buscando realmente cuando eliges no parar?
Ampliar la mirada
El cambio comienza cuando descubrimos el para qué detrás del qué. Cuando dejamos de correr sin sentido y comenzamos a reconectar con el propósito real de nuestras acciones.
No es un camino fácil. Pero sí es posible. Y muchas veces, el acompañamiento de un profesional puede ser decisivo para transformar el éxito externo en bienestar sostenible.
Conversemos. Este no es un problema individual, sino organizacional, cultural… y profundamente humano.